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Claves para comunicarse en Barcelona I / Keys to communication en Barcelona I

new_york_crowd 1. El caminar

Hay cosas en esta vida que más vale aprenderlas cuanto antes, y eso es aplicable a tu estancia en Barcelona. Aceptar -que no entender- ciertas idiosincrasias de los que aquí vivimos te ahorrará muchos momentos de cabreo, malentendidos, y te librará de esa frase que se te instala en el cerebro y que te acompañará de por vida: «Te juro que no entiendo…. »
No, amigo; no se trata de entender racionalmente algunos comportamientos, sino de asumirlos como una realidad, como se acepta que tu madre siempre te tratará como si tuvieras 8 años, o que el primer pensamiento del lunes será: «¡¡¡Dios, cuánto falta para que sea viernes!!! »

Una de estas realidades absolutas es el modo en que caminamos por las calles. Por alguna extraña razón los barceloneses entendemos el mundo como un gran escenario dispuesto para nuestra actuación, donde los objetos y resto de seres vivos están ahí como parte del “atrezzo”, para hacer bonito, vamos.
Así, puedes encontrarte con quien, después de oír el despertador, ha pensado «OH, cinco minutos más… » Lo reconocerás porque es el que va dando codazos en el metro, el que te adelanta en la acera y no se da cuenta de que se ha enganchado su paraguas a tu bolso hasta que te encuentra pegada a su espalda en la puerta de su trabajo. Ese que, en su convencimiento de que la teoría del fluir de Csikszentmihalyi rige el universo, espera que, cual Moisés separando las aguas, todos los obstáculos, incluyéndote a ti, desaparezcan de su camino.

Luego está el Zen. A este lo reconocerás porque se mueve como David Carradine en Kung Fu, con una parsimonia que te deja sin palabras. No puedes gritarle «¡¡¡Empanao!!!» porque no estás seguro de que pueda oírte siquiera. Suele caminar juntando los talones y separando las puntas de los pies, por mitad de en medio de la acera (frase que refuerza la idea de justo por el medio, ni un milímetro más ni menos), y si le pides paso, no se mueve, no porque no quiera, sino ¡porque no te oye!

La pareja enamorada que camina abrazada al ritmo de “you´ll be always on my mind”, haciéndose arrumacos y ocupando el centro de la calle. Imbuidos como están por la experiencia de su amor, cualquier detalle puede ser susceptible de ser interpretado como falta de conexión, así que caminar con el mismo paso, fijarse en las mismas tonterías y, sobre todo, no soltarse de la mano pase lo que pase, se convierte en una necesidad imperiosa. Así que olvídate de que se separen para que puedas pasar; tendrás que esquivarlos como buenamente puedas.

El abuelo/abuela estresado, reconocible por la prisa con que camina, arrastrando los pies a tal velocidad que te hace preguntarte si debajo de la ropa lleva algún mecanismo incorporado. Hay que estar atento en caso de que lo veas armado con un  bastón o muleta, ya que suelen arrear con ella como si el resto de la población fuese un rebaño de ovejas.

“El encuentro grupal”, observable especialmente en la calle Pelai.
Sí, te preguntas cómo puede ocurrir, pero sucede…Después de años sin ver a aquél amigo del colegio, o a aquella ex novia que te dejó por tu primo de Málaga, vas y te lo/la encuentras un sábado por la mañana en plena calle Pelai. Por supuesto, el tiempo ha pasado, os habéis casado, vais con la pareja y con los dos niños, evidentemente con el carrito de bebé Maclaren, que es como un cohete, y las bolsas de las compras. En esa situación el barcelonés se para, se para justo en el centro de la calle, y se aísla del mundo. ¿Cómo? ¿Que alguien quiere pasar? ¡¡¡¡¿Pero es que hay alguien más que no sea yo en esta calle? !!!! Pues eso, que se detiene de golpe, produciendo una colisión en cadena como si de una autopista se tratase.

Y no se apartan, no, ¡ni lo intentes!
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1. The walk

It is better to figure some things out in this life right off the bat, and that is also true of your stay in Barcelona. Accepting, though not necessarily understanding, certain idiosyncrasies of the locals will save you plenty of headaches, misunderstandings and will free you from that phrase that gets into your head and stays with you for life: I swear that I just don’t get it…
No my friend. It is not about understanding the rationale of certain behaviour, but about accepting them as reality, the same way you accept the fact that your mother will always treat you like a child or that the first thought on a Monday morning is: God, how long till Friday?

One of these absolute realities is how we walk down the street. For some strange reason Barcelona locals see the world as a giant stage set up for our own performance, where objects and other living beings merely make up part of the “atrezzo”, a kind of pretty background.
So you may find yourself with someone who, hearing the alarm go off, thought Ah, five more minutes. You will recognize this person as the one elbowing everyone out of their way on the metro, the one who passes you on the pavement and doesn’t realize that their umbrella has hooked around your bag until they find you stuck to their back as they walk into work. The one who is so convinced that Csikszentmihalyi’s notion of flow rules the universe that, like Moses parting the sea, they expect any and all obstacles, you included, to disappear from their path.

Then there’s the Zen. You will recognize this person because he moves like David Carradine in Kung Fu, with a parsamony that will leave you speechless. There’s no point in shouting Space cadet! as he probably won’t hear you anyway. He usually walks by bringing his heels together and then stepping forward on the balls of his feet in the middle of the pavement and if you ask to get by, he won’t move. Not because he doesn’t want to, but because he can’t hear you!

The couple in love walks to the beat of “you´ll be always on my mind”, cuddling and taking up the middle of the sidewalk. So imbued with the experience of their love, the smallest thing could be interpreted as a lack of connection. So walking at the same pace, noticing the same things and, most importantly, never unlocking hands no matter what happens are of the utmost importance. So forget about them separating to let you by; you’ll have to find yoru way around them anyway you can.

The stressed out grandparent can be recognized by the notable hurry they are in, suffling their feet at such speeds that you will wonder if they are not wearing some kind of power pack under their clothes. Be careful should you notice one armed with a cane or crutch as they tend to push others along with them as though the rest of us were a flock of sheep.

The group meeting, noticeable in la calle Pelai.
Yes, you may be wondering how it is possible, but it does happen. After years of not seeing that friend of a friend or that ex-girlfriend who left you for your cousin from Malaga, you can and run into him/her one Saturday morning in the middle of Pelai. Of course, time has gone by, you’ve got married, you’re walking along with your parnter and two kids, obviously with a MacClaren baby stroller, that moves like a rocket, and shopping bags. In this situation the Barcelona local stops, stops right in the middle of the street and forgets about the world.  What? Someone wants to get by? But is there someone else besides me on this street? He suddenly stops, causing something like a twenty-car pileup.

And they won’t get out of the way, of course not, so don’t even think about it!

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