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¿En metro o andando? / By metro or on foot?

en metro o andando Cada día lo mismo, subo en el metro en la estación de Badal, L5, (muy cerca del Campo del Barça) y viajo hasta Diagonal, allí cambio de línea y tomo los Ferrocarriles de la Generalitat estación Provenza. Toda la marabunta de gente silenciosa caminando por el pasillo del transbordador, especialmente por las cintas transportadoras. Curiosamente, en el pasillo central suele haber un cubo de plástico rodeado de serrín, me pregunto si es una gotera irreparable o una “instalación” de algún artista famoso (tengo que preguntarle al señor del metro). Me subo en el Ferrocarril, donde dos empleados me gritan: BON DIA, PASEN HACIA EL FONDO, DEJEN PASAR. y por el tono no sé si me desea buenos días o me está insultando…, viajo apretujada entre estudiantes y bicicletas hasta la estación de Gracia donde bajo y me dejo guiar por el aroma de pan recién hecho que me llega desde la panadería PAUL…

Cada día. ..

Hace poco empecé a pensar que vivo en una ciudad a la que llegan miles de personas atraidas por su magia, por su encanto, seducidas por la publicidad, por las ideas preconcebidas de playa/fiesta y siesta que las oficinas de turismo promueven, con afán de cultura y vanguardismo … y empecé a preguntarme qué era lo que verían cuando llegasen aquí, ¿será lo que esperan? ¿encontrarán lo que buscan? ¿qué ven, qué sienten? ¿qué dificultades encuentran?, así que me he tirado a la calle. He dejado el metro, y cada mañana vengo hasta la escuela a pie, para poder ir descubriendo rincones nuevos, fijándome en todo lo que ya no veo por la costumbre, observando como interactuamos, como somos y poder ir contándolo cada semana.
Intentaré explicar esas cosas que no aparecen en las guías, las que apenas son perceptibles y agradeceré vuestros comentarios y acotaciones, vuestra visión de la misma realidad para así configurar una imagen poliédrica de lo que al final somos.

Jolanda

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Everyday it’s the same. I get on the metro at Badal, line 5, not far from the Barça stadium, and I travel to Diagonal. There I change lines and catch the
Ferrocarriles de la Generalitat at Provenza. Through the sea of quiet commuters walking along the connecting passageway, especially on the conveyor belt. Strangely, in the middle of the passageway there is usually a plastic bucket surrounded by sawdust. I wonder if it’s an irreparable leak or an ‘installation’ by some famous artist (I’ll have to ask the metro guy). I get on the Ferrocarril, where two employees shout orders at me: GOOD MORNING, MOVE TO THE BACK, LET OTHER PASSENGERS THROUGH. By the tone I’m not sure whether they’re wishing me a pleasant morning or insulting me. I travel squeezed between students and bicycles till I get to Gracia station, where I get off and follow the smell of freshly baked bread that wafts out of Paul’s bakery.

Every day…

Not long ago I got to thinking that I live in a city that attracts thousands of people with its magic, its charm; some captivated by the hype, the preconceived notions of beaches and parties and siesta time that the tourist offices sell; others eager for culture and the avant-garde movement. And I got to wondering what they saw once they got here. Is it what they expect? Have they found what they’re looking for? What do they see? What do they feel? What problems do they come up against? So I’ve taken to the streets. I’ve given up the metro and every moring I now walk to the school. It’s my way to discover new spots, paying attention to everything that habit doesn’t normally let me see, observing how we interact, what we’re like so that I can pass that information on each week.

I’ll try to explain those things that you won’t find in the guidebooks, that are barely noticeable, and I would appreciate your comments and contributions, your view of the same reality, so as to construct a multidimensional image of what we really are.

By Jolanda

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